Donald Trump entierra a su ex mujer Ivana en su campo de golf para ahorrar impuestos

Donald Trump entierra a su ex mujer Ivana en su campo de golf para ahorrar impuestos

Cada momento histórico tiene sus héroes. En el siglo XI, el Cid, dicen, ganó una batalla después de muerto. En el siglo XXI, Ivana Trump, la primera esposa de Donald Trump, va a desgravar después de muerta. Eso sí: ni la victoria de Rodrigo Díaz de Vivar en la guerra ni la de Ivana Maria Zelnícková (el nombre de nacimiento de Ivana Trump) en el campo de batalla fiscal benefició a los difuntos. Los que salieron ganando, de hecho, fueron gente con vocación de poder: Alfonso VI de Castilla en el primer caso, y Donald Trump en el segundo.

La hazaña tributaria de Ivana, que murió el 14 de julio, es simple: Donald Trump la ha enterrado en su campo de golf en Bedminster, cerca de Nueva York, concretamente junto al hoyo número uno. Así, según la legislación del estado de New Jersey, en el que está el campo, éste pasa a ser considerado cementerio. Y un cementerio está exento de los impuestos de ese estado sobre bienes inmuebles (el equivalente, más o menos, del IBI español), el de Sociedades, el de ventas (que podría compararse, aunque no es lo mismo, al IVA), y el de Sucesiones. Todo un final irónico para Ivana, que se hizo famosa por su consejo a las mujeres que se divorcian después de que Trump la dejara por la también modelo (pero más joven) Marla Maples: «No te quedes enfadada; quédatelo todo». Ahora, el ex presidente parece decidido a recuperar, vía beneficios fiscales, la inversión que hizo en su esposa.

Trump ya tiene un formidable historial de desgravaciones, en línea con el de la mayor parte de los multimillonarios estadounidenses, cuyos impuestos son, a menudo, cero. En el caso del ex presidente, el New York Times ha informado de que entre 1995 y 2015 no pagó impuestos, y en 2016 y 2017, 740 euros cada año, pese a tener un patrimonio estimado en 3.000 millones de euros por la revista Forbes. El ex presidente también mantiene una disputa con la Hacienda estadounidense que, de perder, podría obligarle a pagar unos 100 millones. Ninguna de esas cifras es oficial, puesto que Trump es el primer presidente desde 1972 que no ha difundido su IRPF.

La hábil transformación del club de campo en camposanto no ha sido ni confirmada ni desmentida por Trump. Pero es consistente con su trayectoria empresarial. En febrero de 2012, mucho antes de entrar en política, ya barajó establecer un cementerio para 1.000 personas en Bedminster y, desde entonces, ha ido planteando diferentes opciones. El principal obstáculo a esos planes ha sido los delirios de grandeza del empresario, estrella de reality shows, y político, ya que sus proyectos de cementerio incluirían, entre otras filigranas arquitectónicas, obeliscos de seis metros de alto que los reguladores locales no aceptaron nunca por considerarlos, literalmente, «abrumadores y horteras».

Pero la tumba de Ivana no es nada de eso. Al contrario. Técnicamente podría ser definida como un agujero en la tierra sin lápida de ningún tipo, y con solo una placa con la inscripción ‘Ivana Trump. 20 de febrero de 1949-14 de julio de 2022’. Las imágenes en redes sociales muestran el cementerio monoplaza de Bedminster en el que Ivana duerme el sueño eterno junto a los socios del exclusivo club de campo en los carritos en los que se desplazan, disfrutando de placeres de índole terrenal. A poco que se descuiden, alguien pasará, literalmente, por encima del cadáver de Ivana.

Si eso sucediera, no parece que fuera un problema. Trump y dos de los hijos que tuvo con, precisamente, Ivana, Don junior y Eric, tuvieron un fin de semana glorioso en Bedminster. Se hicieron fotos con sus fans, y Eric paseó con bolsas en las que estaba escrito Donald Trump 2024, en referencia a los planes de su padre de volver a presentarse a la presidencia ese año. De hecho, el carrito en el que Trump se movió por el campo tenía el escudo presidencial. Fue una fiesta deportiva y patriótica, con un paracaidista que saltó desde un helicóptero con la bandera de Estados Unidos. A poca profundidad, Ivana lo observaba todo en silencio. Ni sus dos hijos ni su esposo hablaron de ella.

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